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Postureo

PostureoPostureo.

No hace mucho, en un medio escrito, acusaban a un conocido político de intentar sacar rédito político por acudir a cierta manifestación.

No era la primera vez, ni será la última, que le acusen a él y a otros de ese comportamiento que se entiende como absolutamente falso. Y los motivos y razones por las que se entiende como falso, tal vez no estén claras, o son inconfesables.
Y buscando la palabra que defina ese comportamiento, o esa percepción que se tiene de ellos, se me ocurre que podríamos aceptar llamarle “postureo” (está la RAE en vías de aceptarla).

Y es que algunos periodistas siempre van a tachar de aprovechados a ciertos personajes públicos que, con razón o sin ella, siempre perciben como malos actores de un teatro que tiene como escusa el escenario político-social. Del mismo modo, que muchos personajes públicos son percibidos por todos (propios y extraños) como ilustres representantes del postureo permanente.

No es sencillo establecer que se debe hacer para no caer en esa lista negra de personajes públicos adictos al vicio del postureo, pero coincidiremos en que algunos hechos les delatan inexorablemente.

Cuando Pablo Casado se hace fotografiar sonriente a los mandos de un arado, o cuando la condesa de las “mamandurrias” se viste de chulapa en las fiestas de Madrid, o cuando el olvidado Cañete se sube a un tractor,… o tantos y tantos otros y otras que, sobre todo en campaña electoral, nos obsequian con estas inolvidables estampas, sin duda, están en “modo postureo”.

Todos ellos están convencidos de que en campaña, todo vale. Y es posible que tengan razón, porque sus votantes parece que se lo aplauden con entusiasmo.
Pero que no se equivoquen otros representantes de partidos que pretenden representar a sectores de las antípodas del PP. Que no se equivoquen, porque también pueden caer (y caen) en los mismos vicios.

Uno podría pensar que nada se puede hacer para evitar que te acusen de buscar rédito político, pero hay algunos consejos que seguro les resultarán de utilidad a esos aprendices de políticos a los que últimamente parece que “se les ve el plumero” con demasiada frecuencia.

1.- No acudas a todas las manifestaciones del mundo, ni siquiera a todas las del estado español. Incluso, no es necesario que te vean en todas y cada una de las manifestaciones de tu comunidad autónoma.

2.- Si no puedes reprimir tus impulsos para aparecer por todas las manifestaciones, o alguien te ha obligado a ir, vete. Vete, pero no busques a la prensa para no dar la impresión de que … “… te quiero como al mar quiere a un pez que nada dentro”.

3.- Acude de incógnito a alguna manifestación, y rechaza ponerte delante de las cámaras y los micrófonos, incluso cuando te lo reclamen. Pon como excusa que hoy NO eres el protagonista, porque los protagonistas son los manifestantes, y tú eres uno más.

4.- Si consigues la invitación de algún colectivo para reunirte con ellos y ofrecer tu ayuda como representante político, no avises de antemano a la prensa, no participes en la rueda de prensa. Deja a los verdaderos protagonistas de ese colectivo que la convoquen, y si ellos tienen a bien mencionarte, estupendo. Y si después algún medio quiere entrevistarte, mucho mejor.

5.- Cuando te acerques a alguna concentración, mesa informativa, mesa petitoria, y similares, de alguna organización ciudadana, no llames a la prensa anunciando tu presencia, porque parecerá que sólo buscas la foto, y eso es muy perjudicial para tu imagen si pretende estar lejos del postureo.

6.-  Es muy recomendable acercarse a esas mesas, mostrar interés en su trabajo y colaborar en la difusión de lo que quiera que estén informando.

Y una última reflexión: salir de casa todos los días con el único interés de aparecer en las fotos delata al político que se sabe con poco apoyo popular, y que sólo es capaz de seguir al pié de la letra las instrucciones de “su jefe”… o “su jefa”.

Plácido Martínez - enero 2017